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miércoles, 4 de abril de 2012

Semana Santa, la hipocresía disfrazada de fe

Llegará la tormenta que todo lo purifique 

Miércoles Santo, todo está gris, el cielo parece querer llorar. No hay mayor desgracia para una hermandad que no poder sacar al santo por la lluvia. No hay mayor alegría para mí que no poder ver esas representaciones llenas de joyas y mantos de terciopelo. ¡Es avergonzarte ese despliegue de ostentosidad en los tiempos que corren!

El mendigo, con un cartel en el que reza “solo quise alimentar a mi familia” ve como es ignorado para adorar una figura llena de ornamentos, una figura por la cual los costaleros dan su fuerza y sufrimiento. En Semana Santa se vende una solidaridad inexistente. No son capaces de darle al mendigo para comer, pero sí al Santo para salvar su alma. Esa será vuestra verdadera condena, la hipocresía que vendéis.

En tiempos de lluvia se requiere algo más que un gabán y un paraguas, se requiere que reflexionéis el porqué de que vuestro señor justo y misericordioso os haya castigado con no poder sacar a vuestros santos. Quizá este harto de que una sola semana al año mostréis esa repentina fe o quizá este harto de que la iglesia católica quiera imponer en la sociedad sus dogmas. La religión inventó el concepto discriminación, primero lo hicieron con la mujer considerándola inferior, luego calificaron a los homosexuales de enfermos y todo bajo mandato divino. No exageraría si dijese que Jesucristo antes de la crucifixión dijo “ya veréis como ahora viene alguno y hace negocio con mi muerte”.  A Jesús le dolería ver como la iglesia se lucra con su penitencia.

El gran cáncer de la iglesia católica son las declaraciones de sus dirigentes  pretendiendo hacer de juez, jurado y verdugo. Lo peor es que la sociedad ha legitimado esa posición de jueces, teniéndolos en cuenta a la hora de redactar las leyes. Se han convertido en un grupo de presión muy importante que incluso la constitución española protege, garantizando el sostenimiento del culto católico. Yo desde luego no quiero que alguien no legitimado decida sobre mi vida. Deberán saber señores de la iglesia que nadie les ha dado el poder para juzgar.

En la historia del arca de Noé se narra que Dios envió un diluvio al ver como se había corrompido su creación, la  lluvia de Semana Santa sea quizá un aviso a la iglesia católica y sus fieles. Se os acabó la fiesta, llego vuestra penitencia. Vosotros que nos mirasteis por encima del hombro os arrodillaréis ante vuestro señor para pedirle perdón por la fiesta que montasteis a su muerte.

Mientras la iglesia católica siga dictando las leyes el mundo no conocerá la tolerancia.

Desde el limbo. Luis González Campo
A todos los incendiarios , esto es solo mi opinión